No encuentro la razón más clara para explicar como veo al amor. Es más, a la hora de intentar decidirme por hablar del amor, la estructura de lo que intento decir nunca es consistente. Y creo que eso se debe a que no tengo una idea de amor concisa.
Entonces, trataré de explicarlo para poder llegar a la idea que me esta faltando.
Me levanto por la mañana y siento el aire cortante. La temperatura me comienza a congelar a medida que voy destapandome y colocando mis pies sobre el piso. Pienso. Me acostumbro, y comienzo a bajar las escaleras. Otra vez lo mismo.
No es sorpresa que haga tanto frío. Abro la puerta del baño, enciendo la luz. Intento verme al espejo mientras me refriego la mano por los ojos, encandilado por la luz blanca tan brillante.
Mi cara no parece la mía. Estoy partido. Bastante partido.
Abro la canilla y espere a que caliente el agua. Me meto. El agua comienza a ponerse cada vez más caliente. Pero yo estoy tan frío. Tan frío, como masas de hielo, como mis dedos en invierno, como el piso de mi habitación cuando me levanto.
Mientras el calor sube, pienso. Pienso, con la cabeza apoyada sobre la pared, con el agua caliente golpeando mi cuerpo, mi cuerpo frío. El agua comienza a quemar mi carne.
Un cuerpo de hielo, de dedos en invierno, de pisos de habitaciones por las mañanas. Un cuerpo frío, se comienza a descongelar por el vapor y el calor del agua que cae, y que no para. Que no para. De a poco me voy perdiendo entre el agua que fluye en espiral. Veo el techo del baño muy lejos. Me sigo perdiendo. Más de una vez traté de cerrar la canilla. Pero pareciera que se encuentra rota hace mucho tiempo, porque nunca nadie tuvo ganas de sentarse a arreglarla.
El agua se corta un segundo. Silencio. Pienso. Del mismo vapor, vuelvo a renacer.
Siento los besos, las caricias, su cuerpo, su cara, como el agua caliente y el vapor, que cae sobre mi persona indiferente, incorrecta, fría. El piso helado es este mundo abrumador, triste y decaído. Un mundo pisoteado.
La lujuria del mal accionar es la luz blanca brillante del baño por la mañana que no me permite ver lo que en realidad es esencial en esta vida. La resurrección de la ducha, es el amor.
Todo lo que me rodea me lastima, y muchas veces no entiendo la principal razón de mis cicatrices.
Lo frío me abraza. Y crezco con él. Lo siento parte de mí. Pero dejo de estar congelado, cuando el agua caliente y el vapor comienzan a adueñarse de mi carne. Dejo de ignorar cuando comprendo que estoy siendo amado.
Las duchas en las mañanas frías me alegran el día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario